MI ORDENADOR PORTÁTIL Y MI DEPENDENCIA TECNOLÓGICA

He de confesar que soy un dependiente emocional total y absoluto de la tecnología.

Cuando me siento frente al volante de mi automóvil introduzco las coordenadas en mi navegador de a bordo aunque sea para ir a mi supermercado habitual, no me despego de mi teléfono móvil ni para dormir, vivo perpetuamente enchufado a las redes sociales, y los selfies se han terminado convirtiendo en una obsesión. ¿Con este panorama, cómo puedo pretender que mi hijo se desenganche de los videojuegos?

Supe que tenía un problema importante cuando hace unos días mi ordenador portátil se negase a funcionar. Se me aceleró el pulso, un sudor frío me recorrió por entero y sufrí una taquicardia severa. A punto estuve de perder la consciencia. Si mi network sufría un colapso, yo no iba a ser menos.

Sé que vivo híper conectado, y que debo poner remedio a esta situación.

Lo primero, comprarme un portátil nuevo. De otro modo, mi vida habrá dejado de tener sentido. Pero, para comenzar a imponerme límites, acotaré el gasto accediendo a un ordenador potente pero asequible. Nada de despilfarros innecesarios: abriré el buscador de mi tablet, acotaré la búsqueda por los términos «portatiles segunda mano», y me decantaré por la mejor tecnología a precio de derribo. Se pueden encontrar verdaderas gangas en algunas webs.

portatiles segunda manoAunque, pensándolo bien, está medida parece estar más cerca de la gratificación que de la punición. En fin, no pasa nada, porque he descubierto una nueva terapia que me irá al pelo: la llamada «desintoxicación digital». ¡Debe ser la caña! Nada mejor para encontrar el equilibrio correcto que una terapia de espolio digital y reconexión interior.

Reencontrarse con uno mismo mediante el Digital Detox: naturaleza, recogimiento, relax, desconexión wifi, y una sólida caja fuerte donde confiscar cualquier dispositivo. Todo en medio de un entorno de privilegio. Espero que al finalizar la estancia, los organizadores devuelvan intacta toda la artillería tecnológica.

Bueno, me lo tengo que terminar de madurar…

Por lo pronto, me voy a enfrascar de lleno en la compra de mi ordenador portátil.

Mañana, Dios dirá.

 


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